El 23-F: Golpe de Estado en busca de autor (I/III)

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Ofrecemos a nuestros lectores un trabajo de especial importancia sobre el 23-F, cuyo autor, el Col. Diego Camacho, reúne todas las características exigibles para avalar lo que relata, toda vez que como miembro destacado del entonces Cesid, fue testigo presencial y protagonista de buena parte de lo que aquí manifiesta.

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GOLPE DE ESTADO EN BUSCA DE AUTOR: El 23 – F DE 1981.

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EL FACTOR EXTERNO.

El intento de golpe de Estado en España es “un asunto interno”, sentenció el general Haig, en París, al ser preguntado por una periodista. La aseveración del Secretario de Estado norteamericano, en un ejercicio de aplicación estricta de la doctrina Estrada era sólo una verdad a medias, puesto que no se trataba de un mero desajuste político generado por el cambio de régimen, además existía un factor que interesaba mantener oculto a la opinión pública y que consistía en la salvaguarda de los intereses estratégicos en el Mediterráneo occidental de nuestro principal aliado.

Algunos meses antes, durante la segunda mitad de 1980, tuvo lugar en EEUU la campaña electoral para elegir Presidente. El candidato republicano Ronald Reagan supo captar de inmediato la gran preocupación existente en la opinión pública norteamericana por dos hechos acaecidos en 1.979: la caída del Sha de Persia principal aliado estratégico en Oriente Medio y la invasión de Afganistán por la URSS, que permitía en caso de triunfar establecer el control soviético sobre la meseta de Pamir y el golfo Pérsico.

Para resolver la situación, Reagan  preconizaba dar un giro radical a la política exterior de los EEUU, caso de llegar a ser elegido. La distensión y la coexistencia, entre las dos superpotencias, llevada a cabo durante la administración de Carter debía terminar para dejar paso a una política firme que defendiera los intereses norteamericanos “allí donde se encontraran  amenazados”. El triunfo electoral de Reagan, en noviembre de 1.980, supuso la puesta en práctica de lo que había prometido en  la que sería la última década de la guerra fría. Su política de Seguridad Nacional fue un éxito completo al lograr su objetivo, impensable al inicio de su mandato, y que fue la desaparición de la URSS como amenaza estratégica.

La nueva política tuvo tres pilares esenciales:

1º El incremento del presupuesto de Defensa. Para 1981 se contemplaba doblarlo con relación al existente durante el último año de la administración de Carter y triplicarlo para 1985. El objetivo declarado de este notable aumento era el poder implementar un nuevo sistema de armas que sería  conocido como “guerra de las galaxias” y que a medio plazo sería una de las causas principales en el derrumbe de la URSS, al no poder soportar la nueva carrera de armamentos que planteaba la Casa Blanca.

2º Respaldo a dictaduras del hemisferio occidental, con tal que tuvieran gobiernos incondicionales a los EEUU, como Chile, Argentina y Uruguay.

3º Respaldo a movimientos guerrilleros, contrarios a la Unión Soviética: la UNITA (Angola), la CONTRA (Nicaragua) y la guerrilla afgana de los talibanes.

En definitiva Reagan y su equipo habían decidido dar un giro de 180º a la política desarrollada por la anterior administración y plantear su apuesta tanto en el plano  militar global como en el marco de la guerra asimétrica, tradicionalmente dejada a la iniciativa de los movimientos revolucionarios controlados por el Kremlin. Este diseño estratégico llevaría a la Casa Blanca a considerar como hipótesis probable la utilización de armamento nuclear táctico en Europa, en un eventual enfrentamiento entre la OTAN y el Pacto de Varsovia, y sin que esa circunstancia llevara forzosamente a la confrontación nuclear total o a la extensión del conflicto hacia otros teatros de operaciones.

En ese contexto y dentro del espacio europeo, el Mediterráneo adquirió una importancia decisiva y prioritaria en los planes de operaciones del Pentágono, del Departamento de Estado y del Consejo Nacional de Seguridad. Su control era esencial para garantizar el apoyo a Israel, pieza vital en el desarrollo estratégico de Oriente Próximo; para lo cual  era preciso contar con el dominio de las dos orillas o lo que es lo mismo con la estabilidad y fiabilidad de aquellos países que tenían importancia estratégica en este mar interior o que albergaban bases utilizadas por las USAF. Se trataba, en definitiva, de poder garantizar la acción  de la VI flota para que su  apoyo operativo y logístico se realizara sin sobresaltos.

En septiembre de 1980 Reagan no ha ganado, todavía, aunque todas las encuestas le dan como claro favorito. Es a partir de entonces, en poco más de un año, cuando se producen en el Mediterráneo una serie de acontecimientos políticos que van a proporcionar a EEUU el control absoluto sobre el mare nostrum, son los siguientes:

Ese mes es derrocado el gobierno liberal turco, que encabeza Süleyman Demirel, y toma el poder el ejército a cuyo frente está el general Evren. Este golpe fue al principio incruento, aunque vista la tranquila reacción internacional sobre todo la referida a los socios de la OTAN, sería seguido por una cruenta represión que laminó a los principales opositores al gobierno golpista.

En noviembre de ese mismo año Grecia reintegra sus FFAA al Mando  Militar de la OTAN, del que había salido en 1974.

Sa Carneiro

En diciembre de 1980 muere en un accidente de aviación, todavía no esclarecido, el fundador del partido socialdemócrata y Primer Ministro de Portugal Sa Carneiro.

En enero de 1981 EEUU suscribe, por primera vez, con Marruecos un tratado de venta de armamento pesado (carros de combate y aviones) y tranquiliza al sultán sobre la continuidad del apoyo norteamericano a la anexión marroquí del Sahara Occidental. Dos meses más tarde la promesa de los EEUU se materializará. Hassan II, respaldado por París y con el visto bueno de Washington, apoyará un golpe militar en Mauritania, que irá en detrimento del precario equilibrio mantenido en el Magreb entre Marruecos y Argelia y, lo que es más importante para los planes del sultán, Mauritania abandonará el tercio del Sahara que le había correspondido según el tratado de Madrid, con excepción de La Güera, y que Rabat podrá ocupar pocos días después. En España, con la resaca del 23 – F, este acontecimiento recibió muy poca atención. En el mes de agosto de ese año Marruecos iniciará la construcción del muro que divide la zona ocupada de la liberada.

El 23 de febrero se produce en España un intento de golpe de Estado que fracasa.  Inspirado, planeado y ejecutado por el acuerdo de las principales fuerzas políticas e institucionales del sistema, que se ponen de acuerdo en derribar al primer Presidente elegido democráticamente en la Transición para variar el rumbo que esta había tomado, y que utilizan al Ejército como herramienta de la operación.

También en marzo tuvo lugar en Portugal una alianza entre socialdemócratas, demócratas cristianos y Mario Soares, quien actúa en contra de lo decidido por el PSP, con objeto de provocar la caída del Presidente Ramalho Eanes, último vestigio de la revolución de los claveles.

En mayo se descubrirá en Italia la trama golpista de la Logia P-2 de Lucio Gelli y sus conexiones con la mafia, la democracia cristiana, el Vaticano y la red “Gladio”.

Anwar el Sadat

En noviembre de 1.981 los EEUU logran, con el permiso de Anwar el  Sadat, estacionar por primera vez tropas norteamericanas en Egipto. Militares integristas egipcios asesinaran al Rais durante la celebración de un desfile militar en el mes de diciembre. El sucesor de Sadat, Hosni Mubarak, conseguirá acabar con la conspiración integrista y garantizar los acuerdos de paz que habían sido firmados con Israel en Camp David.

Es en esta sucesión de acontecimientos políticos, que tienen lugar durante la segunda mitad de 1980 y todo el año 1981, donde hay que enmarcar el fallido golpe de Estado en España. El “golpe de timón” no era solo un simple asunto interno, sino que además buscaba asegurar una mayor estabilidad política y militar en la Península Ibérica.

En ese contexto internacional, la entrada de España en la OTAN revestía para los EEUU una importancia capital al ser la pieza que faltaba en el planeamiento estratégico para el sur de Europa. Suárez constituía un estorbo, se le reprochaba que actuara de forma tercermundista en la articulación de la política exterior y mostrara gran preocupación por temas estratégicamente menores o que estaban fuera de su campo de influencia: como la búsqueda de una solución para el pueblo palestino, la nueva formulación para una cooperación económico – política de Europa con los países del África subsahariana, la apertura de nuevas vías de participación en la problemática política de Iberoamérica o el acercamiento a líderes como Castro y Arafat vinculados a los intereses soviéticos. En resumen el Presidente español, con la previsible llegada de Reagan a la Presidencia y la puesta en marcha de sus nuevos objetivos estratégicos, era un obstáculo importante. Es aquí donde se encuentra una de las claves del 23 –F y el principal motivo de la pérdida del favor real, en la segunda mitad de 1980, por parte del Presidente del Gobierno.

Los nuevos aires estratégicos en Washington se complementan en Madrid con la acción psicológica de los oficiales golpistas del CESID sobre el Jefe de Estado, al que convencen que por la singularidad de su ascensión al Poder, Suárez está vinculado a Juan Carlos y que su estrella en declive puede arrastrar en su caída al monarca e incluso a la Corona. Para evitarlo es necesario distanciarse cuanto antes del Presidente y provocar su caída, operación en la que todo el mundo está de acuerdo, incluso sus ministros.

El Rey al igual que otros políticos, con buenas conexiones en Washington, fueron alertados de por dónde iban a soplar los nuevos vientos y el inicio para  el abandono del barco empieza a producirse. No puede pasarse por alto que desde antes de asumir la Jefatura del Estado el Rey de España obtiene todo el apoyo de la Casa Blanca en su entronización a cambio de seguir fielmente los objetivos estratégicos de la misma. El asunto del Sahara y la marcha verde serán la primera prueba de esta sintonía. Quedaría en evidencia que el deseo de Washington en apoyar al sultán de Marruecos y fortalecerlo en la región, pasaba por encima de los intereses españoles. Juan Carlos, Jefe de Estado interino, actúa en función de las directivas que recibe de Vernon Walters, subdirector de la CIA y amigo de Hassan II desde 1942. El primer Presidente elegido por los ciudadanos en la naciente democracia española pronto se quedaría solo y así los planes de recambio para España podrán activarse fácilmente en el momento que se materialice la victoria electoral de Reagan.

El sucesor de Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, afirma en sus memorias que él tenía claro desde 1977 que era necesario incorporar a España a la CEE y a la OTAN. ¿Lo veía tan claro Adolfo Suárez en los años de su presidencia? -Se contesta don Leopoldo- Probablemente no.

El caso de Felipe González es todavía más ilustrativo. Hace campaña electoral en 1982 en contra de la entrada de España en la OTAN, logra con 202 diputados la mayoría absoluta. Dos años después de entrar en la Moncloa, hace borrar del programa del partido la oposición del PSOE a dicha entrada. En 1986 organiza y gana un referéndum apoyando el ingreso. Uno de los más militantes en el rechazo inicial, Javier Solana, ocuparía años después el cargo de Secretario General de la Alianza Atlántica.

La conducta seguida por estos dos presidentes, demuestra lo afirmado más arriba. El ingreso de España en la OTAN era un factor determinante para los EEUU, en el diseño de la seguridad estratégica aliada en el sur de Europa. El doble lenguaje de González hacia sus militantes y hacia los ciudadanos pone también de manifiesto el compromiso adquirido y cumplido con el Rey con quien iniciaría, al más puro estilo Bogart, una gran amistad.

El cambio que iba a experimentar la política exterior de los EEUU, en caso de vencer Ronald Reagan en las elecciones de noviembre, era perfectamente previsible en el resto del mundo y España no era una excepción.

La opinión de la Santa Sede, en la evolución política de España, va a tener una gran importancia tanto para los políticos cercanos a la ideología de la democracia cristiana como para algunos militares próximos al Opus Dei. Una vez embarcados en el proceso conspirativo, será Roma quien tranquilice sus conciencias sobre la empresa que piensan acometer. El hecho de que sea Juan Pablo II el que ocupe la silla de San Pedro va a facilitar las cosas. La persecución a la que ha sido sometido por el régimen comunista polaco como sacerdote y más tarde como obispo de Cracovia, le hace coincidir  totalmente con el planteamiento estratégico de Reagan, sobre la necesidad de obtener una victoria completa sobre la URSS, como paso necesario para la liberación de Europa oriental, y también con la necesidad de controlar el Mediterráneo para asegurar el bastión israelí.

Los partidos políticos después de la muerte de Franco, se crean con una fuerte dependencia exterior en base a la financiación inicial que obtienen principalmente de la RFA: la fundación Neumann apoya a los liberales, la fundación Ebert de la socialdemocracia alemana al PSOE y la fundación Konrad Adenauer a los democristianos. Esta circunstancia supondrá otra garantía de reaseguro para que la evolución política en España no discurra por caminos contrarios al interés de los países aliados.

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LA SITUACIÓN INTERNA

Las FFAA españolas eran todavía, y a pesar de la aprobación de la ley de Reforma Política y más tarde de la Constitución, un poder fáctico. La mayor parte de sus miembros se consideran legitimados para ejercer una tutela sobre el poder civil, en base al testamento de Franco y a la inercia del régimen anterior. Los atentados de ETA catalizan las salas de banderas, pero es sobre todo la escasa habilidad del general Gutiérrez Mellado la que va a exasperar los ánimos.

Suárez comete el error de prometer a los generales más importantes que el PCE no será legalizado y poco después, el sábado santo, sale el decreto legalizándolo. Ese engaño no debió haberse producido y la responsabilidad en el mal asesoramiento presidencial hay que achacarlo al militar más relevante del gabinete y que además tenía excelentes relaciones con el Presidente. Gutiérrez Mellado tenía la obligación de señalar al Presidente el valor que los militares daban a la palabra dada y las consecuencias que acarrearía su incumplimiento. Cuando era perfectamente factible explicarles la necesidad de la legalización, debido al cambio de situación y al compromiso adquirido por el Rey con Santiago Carrillo, después de asegurarse que la Casa Blanca no ponía objeciones. El menosprecio de Suárez hacia los militares le enajenaría el apoyo de estos cuando su colaboración la tenía al alcance de la mano.

A partir de ese momento los militares nostálgicos que se sienten despreciados por el gobierno, deslegitiman la acción presidencial. Se empiezan a establecer vínculos conspirativos no solamente en el seno de las FFAA sino también con personas destacadas del mundo político, económico y social. El presidente experimenta un  abandono creciente que en poco tiempo se convertirá en un aislamiento político total. Todos saben que ha perdido el apoyo del Rey, que sus barones conspiran, que no tiene apoyos internacionales, que los militares van a por él y que finalmente el dinero no le ve como un activo con futuro.

Cuando se haga patente que el tiempo de Suárez ha terminado y que es preciso buscar un recambio, se va a recurrir al Ejército como el instrumento idóneo para realizarlo, al igual que se había utilizado a lo largo del siglo XIX en defensa de una u otra opción política. Antes de su fracaso, tendrá las bendiciones de todos los actores políticos. Su  legitimación, de cara a las salas de banderas, vendrá de la mano del testamento de Franco como el último servicio. La clase política lo asumirá por dos razones: el imperativo del factor externo ante la incapacidad de Suárez para afrontar la nueva situación internacional y también para llegar al poder más rápidamente. La Corona para no sufrir el desgaste que origina una deriva política interna insostenible, así como para seguir las recomendaciones del poder emergente en Washington. Finalmente los países de la Alianza Atlántica para asegurar sus intereses vitales en el sur del continente. El ciudadano español quedará una vez más al margen.

Una vez fracasada la intentona, esta no tendrá patrocinadores, escurrirán el bulto y los chivos expiatorios serán aquellos incautos que se prestaron a poner su cara en la fase inicial y además salieron por televisión. Es difícil encontrar en la historia de los golpes de Estado fracasados, que en el mundo han sido, un caso similar de abandono hacia los subordinados por parte de los jefes de la operación. Aprovechando que hay que evitar que el Rey resulte implicado se miente y no se asume la responsabilidad. Los serviles que recibían a Fernando VII con los vítores de “vivan las cadenas”, después de haberse  perpetrado la felonía de Bayona, nada tienen que envidiar a nuestros afamados cortesanos.

Firma de los Pactos de la Moncloa

El eje básico de la reforma política consistió en sustraer a la sociedad de las decisiones fundamentales y a favor de los hechos consumados por pactos que se promueven a espaldas del Parlamento. Incluso las ejecutivas de los principales partidos son informadas, la mayor parte de las veces, cuando el pacto ya está cerrado. Fue el “consenso” alcanzado por UCD, PSOE, AP, PCE y nacionalistas lo que permite que estos grupos se vayan integrando como parte del Estado – sistema – al crear y potenciar clientelas de militantes asalariados que acceden al dinero público por multitud de caminos. La integración de los sindicatos en este esquema acordado por los partidos va a originar el final de su dimensión de clase (Pactos de la Moncloa). Es decir, en ese preciso momento histórico se apuesta prioritariamente por la integración y la paz social. El sentido democrático de la sociedad, sustentado en un auténtico pluralismo que permita lograr un Estado de Derecho y que lleve a la verdadera participación y libertad del ciudadano, queda aplazado para más adelante.

Podrá argüirse que entonces no podía hacerse otra cosa, es posible pero un sistema que había nacido con esa hipoteca en su estructura política necesitaba estar dotado de un carácter de provisionalidad y no de permanencia, sino quería caerse con el tiempo en el peor enemigo que tiene la democracia: la corrupción.

Fin de parte I de III

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